Rescatando al niño que llevamos dentro

TICA EN EL UNIVERSO

            Esta historia, tiene como protagonistas a unos seres tan pequeños y diminutos que son invisibles e ignorados por los humanos. Además, como la infancia de los niños dependen de ellos, no pueden dejarse ver.

Una de estas protagonistas se llama Tica y es una “llamadora de ángel”. Los llamadores de ángel, tienen la misión de proteger a los niños de los invasores de la luna. Los invasores, son criaturas que llenan los sueños de los niños de pesadillas, temores y monstruos, para poder manejarlos a su antojo y así convertirlos en máquinas. Pero, es aquí donde entran en acción nuestros protagonistas, ya que protegen a los niños de los invasores y convierten sus sueños en dulces y felices.

¿Por qué la especie de Tica se llama así? Pues porque siempre están vigilando a los niños mientras duermen y si en algún momento ven acercarse algún invasor, lo paralizan y agitan sus pequeños cascabeles que cuelgan de sus muñecas y para atraer a los ángeles sonrientes. Estos ángeles siempre acuden en ayuda de los niños que son atacados por los invasores de la luna y luchan contra ellos; los llamadores de ángeles son sus ayudantes y les mantienen al corriente sobre todo lo que ocurra en el mundo de los sueños.

A cada llamador de ángel se le asigna una casa con niños, para cuidar de ellos. Aquí es donde entra nuestra protagonista Tica. Ella, es una llamadora de ángel pequeñita, que viste con un traje color lila, tiene las muñecas diminutas y está en sus comienzos como llamadora. Tiene una voz dulce y su pelo es color tostado. A Tica le han asignado cuidar de una niña pequeña de 5 añitos que se llama Leila. Leila tiene pesadillas cada cierto tiempo y como el país de los llamadores de ángel ha pensado que Tica ya puede encargarse de cuidar los sueños de los niños, han creído conveniente asignarle a Leila. Leila vive en una pequeña casita en el campo junto con sus padres y sus tres hermanos Martín, Mariela y Centriela.

Tica, deseando que llegue el momento para embarcarse en su viaje al cuidado de Leila, prepara su pequeña mochila, metiendo en ella su pequeña varita de latón, los polvos de colores (que utilizará para defenderse de los invasores cuando sea necesario), una pequeña camisa, pantalones morados y demás artilugios que podrá necesitar. Sus mochilas son mágicas, por ello no tiene ningún problema en introducir todos los objetos quiera, además su magia hace que cualquier objeto que se introduzca en la mochila desaparezca en el acto y sólo con pensar en él puedes volver a sacarlo.

Tica vive en el fondo del mar, dentro de una concha color beige, en una zona muy, muy apartada de la ciudad y de los humanos; una vez que tiene todo preparado, muy decidida, llama con un silbido a su pequeña mascota, Trompeta, que le ayudará a cruzar el largo océano hasta la orilla. Trompeta, que acude en cuestión de segundos cuando oye el silbido, es un caballito de mar muy veloz que desde que nació no se ha separado nunca de Tica. Trompeta se quedó huérfana desde pequeñita, porque sus padres fueron engullidos en un gravísimo ataque por un pez besugo y sus hermanos no se podían hacer cargo de ella porque tenían que ayudar a sus respectivos dueños.

Montada sobre Trompeta, Tica pone rumbo a la orilla; por el camino ve miles de maravillas diferentes, seres vivos que no reconoce, criaturas que le recuerdan a sus libros, lugares increíbles que nunca se habría imaginado. Tiene que atravesar grandes distancias con muchos peligros que sólo ha visto en sus pequeños manuales con dibujos o de las historias contadas por sus ancianos. Aún así, no tiene miedo, va con Trompeta y sabe que si estuviera en peligro alguna vez, ella recorrería kilómetros y kilómetros en cuestión de minutos.

Transcurridas un par de horas, el viaje termina, han llegado casi a la orilla de la playa y Trompeta solo podrá acompañar a su amiga unos metros más, ya que el fuerte oleaje que hay a esa distancia de la playa es demasiado grande como para poder soportarlo. Tica, dispuesta y decidida, se baja de Trompeta, le da un gran abrazo y con un beso en la mejilla se despide, no sin antes avisarle:

-Trompeta, no te distraigas, ¿vale? Si oyes la varita ven corriendo-.

Cuando un llamador de ángel agita su varita y piensa en su mascota, esta acude corriendo en su ayuda, ya que están conectados mentalmente y gracias a los poderes de los llamadores, las mascotas pueden sentir cuando sus dueños le llaman en auxilio. Sin dudarlo, Trompeta, hace un gesto de ternura a su amiga, en señal de que no se preocupe, ella acudirá en el acto.

Tica, abre su mochila, chasquea los dedos y saca un pequeño mapa que sus mayores le han facilitado con la señal de la casa de Leila; lo visualiza en la mente e inconscientemente y en cuestión de segundos un remolino de color violeta la envuelve, comienza a dar vueltas sobre sí misma y en otros pocos segundos, el remolino desaparece llevándosela (Trompeta, mira perpleja a su amiga, nunca se ha separado de ella tanto tiempo, pero estará alerta por si sucediera algún imprevisto).

Al ser la primera vez que viaja, Tica se siente un poco mareada y con un pequeño retortijón en el estómago; pero poco a poco abre los ojos y observa el cuarto de Leila. Se incorpora y observa como desaparece el remolino de color violeta. Aterriza sobre su mesilla de noche y muy despacito, sin hacer ruido intenta acercarse hasta ella, pero no demasiado, puesto que es su primera vez y teme despertarla. La niña duerme plácidamente en su cama, no parece que esté teniendo pesadillas, tiene una gran sonrisa en la cara y a su lado, abraza a un pequeño osito panda de peluche con unas letras bordadas en su pecho que dicen: “Arco Iris”.

-La noche está tan calmada-, piensa en voz baja, -no se escucha ningún ruido y se respira tranquilidad-. -Creo que voy a sacar el saco de dormir y a tumbarme en la mesilla de noche; así puedo tener cerca a Leila por su ocurre algo-. Y seguido, Tica, metiendo la mano en la mochila, sacó su pequeño saco de dormir y se tumbó justo al lado del despertador de Leila con forma de seta.

No han pasado ni 5 minutos, cuando un sonido leve pero agudo tensa a Tica, -¿Qué habrá sido ese sonido?-, piensa en su cabeza. Mira a su alrededor, no ve nada, baja de la mesilla y mira debajo de la cama, nada. Confusa, Tica vuelve a la mesilla, ¿Habrá sido su imaginación? De repente, mira a Leila para asegurarse de que sigue soñando con el país de las maravillas, pero hay algo que no le gusta, la sonrisa de su cara ha desaparecido; ahora no hay felicidad y tranquilidad en su cara y no abraza a Arco Iris. Algo va mal, algo no funciona, ¿Qué está pasando?

Comienza a oír pequeños chillidos parecidos a una sonrisa malvada, los escucha en frente suya, ahora a la derecha, a la izquierda, debajo de la cama, detrás suya….están por toda la habitación, no puede gritar porque sabe que Leila puede despertarse y los llamadores de ángel no pueden ser vistos por los humanos, de lo contrario sus poderes mágicos desaparecerían. No le queda otra opción, en uno de sus pequeños libros, venían instrucciones de cómo saber si tienes cerca a invasores de la luna y aunque es un hechizo que nadie conoce ella quiere arriesgarse, además no tiene que pronunciar las palabras, sólo pensarlas, estas en nuestro idioma dicen:

“Ancestros de la luna que todo lo veis, ancestros del mar que las aguas movéis, venid a mí con la luz celestial para que a los enemigos iluminéis”

             Dichas estas palabras, los ojos de Tica cambiaron de color convirtiéndose en negros y ahora podía ver la silueta del invasor de la luna que se movía veloz como el viento por toda la habitación. De inmediato comenzó a agitar su muñeca, los ángeles de la noche podrían tardar varios segundos si tenían trabajo, pero no debía de dejar de mover la muñequita con los cascabeles para que la escucharan y llegaran en su auxilio. Mientras con sus polvos mágicos y todo lo que había aprendido en la escuela de magos de llamadores de ángeles, podría combatir al invasor. Cada vez que este intentaba acercarse a Leila para llenar sus sueños de pesadillas y atemorizarla. Tica le lanzaba polvos zen de colores, que llenan los pensamientos de los invasores de alegría, amor, paz, sonrisas… -Esto dará el tiempo suficiente para tener entretenido al invasor, cuidar los sueños de Leila y esperar la llegada del ángel de la luna-; pensó Tica.

Cada vez que el invasor de la luna se acerca a Leila y atemorizaba sus sueños, Tica le lanzaba polvos zen, inmovilizaba al invasor por segundos y este corriendo se alejaba con sus pensamientos alegres.

Han pasado más de 5 minutos y Tica se pregunta donde estará el ángel, pero sin darse cuenta, un tintineo empieza a sonar en sus orejitas. Es él, el ángel de la noche, por fin acude en su ayuda, ahora entre los dos podrán ahuyentar al invasor y proteger a Leila en sus sueños. Shado, el ángel, le pide disculpas a Tica por su tardanza, pero venía de una casa, donde los tres niños de un matrimonio estaban siendo atacados por dos invasores cada uno y tuvieron que pedir más ayuda a llamadores de ángeles y a otros ángeles.

Ahora entre los dos podrían combatir a este invasor que no paraba de corretear por el cuarto. A Shado, se le ocurrió una idea brillante para alejar al invasor de la casa durante esa noche por lo menos. Le dijo a Tica que no se apartara de la niña, mientras él con sus alas volaba al techo de la habitación. Tica no sabía que se proponía aquel ángel, pero no le desobedeció, cada vez que el invasor se acercaba ella le lanzaba los polvos y lo alejaba. El ángel aprovechando ese alejamiento, comenzó a hacer movimientos con sus alitas y su varita.

Al igual que Tica antes, dijo unas palabras en voz baja muy extrañas que Tica no reconoció –Serán de su idioma-, pensó y sin apenas darse cuenta, poco a poco el cuarto fue cambiando de colores. ¡Las paredes se volvieron verdes, de un ver intenso, el suelo de azulejos se convirtió en una hierba verde muy intensa con flores de todos los colores, parecía una alfombra espesa, las paredes se llenaban de árboles, por el aire aparecían pajarillos de todos los colores y el techo se quedó en un color azul con algunas zonas en blanco moviéndose! ¡Era increíble! El ángel había traído el bosque a casa de Leila, todo olía de rosas, se respiraba un aire tranquilo, pacífico, se escuchaba levemente el cantar de los pajarillos… Aquello fue alucinante, Tica nunca había visto nada igual, nunca se llegó a plantear que el poder de los ángeles fuera tan grande y que podían cambiar el aspecto de un dormitorio en cuestión de segundos.

No transcurrieron apenas ni 30 segundos, cuando unos gritos de dolor y de angustia sonaban en el fondo de la habitación, en una esquina bajo almohadas y cojines amontonados. Era el invasor, se retorcía de dolor y de felicidad porque no soportaba los pensamientos alegres. Pidió que hicieran desaparecer aquel bosque de su vista, el cantar de los pájaros de su mente, aquel olor tan agradable. Pero el ángel le contestó que sólo lo haría si desaparecía del cuarto y se alejaba de los niños para siempre. No dudó, el invasor le prometió que lo haría, que no volvería a atacar a ningún niño en sus sueños, pero que todo aquellos desapareciera.

El ángel asintió, ordenó al invasor que se fuera de allí y se alejara, sólo cuando tuviera los pies fuera de aquella habitación haría desaparecer todo aquel paisaje. Fue decir aquellas palabras y el invasor, salió corriendo por la ventana, no lo pensó dos veces y tan pronto sucedió, todo volvió a la normalidad. Con sólo chasquear los dedos el ángel devolvió su aspecto normal al cuarto y para asegurarse de que todo marchaba sobre ruedas, miró a Leila tenía una sonrisa grande de oreja a oreja en su cara y volvía a abrazar a Arco Iris. ¡Misión cumplida!, consiguieron alejar a otro invasor aquella noche y cuidar los sueños de otra niña. Pero… no todo termina aquí. Unas risas volvieron a sonar y en las mentes de Tica y Shado unas palabras resonaron: -ja ja ja ja, que palurdos y tontos sois, os habéis creído todo, puede que esta noche hayáis ganado, pero mañana ¡Volveré!, ja ja ja ja-. Tica se asustó un poco con estas palabras, pero Shado la tranquilizó diciéndole: -No te preocupes, ya contaba con eso, los invasores son seres muy mentirosos y harán lo que sea para conseguir lo que quieren, pero aquí estaremos nosotros para impedírselo. A partir de ahora te encargarás de cuidar a Leila.

Tica, contenta de tener ya una misión para siempre, se marchó de la habitación justo cuando desapareció el ángel; agitó su varita, se desvaneció en el aire como en el remolino que le trajo hasta allí y al abrir nuevamente los ojos, vio en la orilla a su querida mascota. Ahora le contaría todo lo que había pasado en casa de Leila de camino a casa. Sería una historia más que contar.

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