Capítulo 1: Dos sombras en la lejanía.
Estamos en verano de otra época, de otra era, de otro mundo aún no conocido o por conocer. Hace tanto calor en las calles de Mali que no se ve ni un niño por las calles. Todo está desértico: los parques, los paseos fluviales, los columpios, las redes, los observatorios… todo. Todo está tan silencioso que prácticamente se ha olvidado el sonido de las risas de los niños, de sus juegos, de las travesuras, y es que… ¿Qué es un niño sin travesuras?
Por alguna misteriosa razón hace años que no corre viento ni llueve, así que los niños no se atreven a jugar en la calle. Todo lo que antes era divertido en Mali, ha desaparecido por arte de magia…. He aquí donde comienza la historia.
Mali es un pequeño pueblo de pocos habitantes que sólo cerrando los ojos lo podréis ver como lo veo yo. ¿Hacemos la prueba? Empezamos; este pequeño pueblo tiene una peculiaridad que no tienen otros pueblos, cada individuo tiene una habilidad o faceta que da vida a esta pequeña aldea, convirtiendo en magia todo lo que tocan ¿Algo muy extraño verdad?
Sin embargo, el silencio que habita en Mali hace que sus calles se vean largas y anchas, como las de una ciudad con dos carriles en la misma dirección para los coches, las paredes son de color marrón gastado; parece que los niños (y no tan niños) se divertían antes dibujando en las paredes paisajes increíbles, animales rescatados, personas de todo el mundo, otros tocaban instrumentos en la calle, se creaban coros, teatros, bailes… Un pueblo lleno de artistas sin duda. Todo ello con el tiempo se ha vuelto borroso.
Un día, como por arte de magia, dos niños aparecieron en las calles de Mali, nadie sabe cómo llegaron hasta allí, ni de donde salieron, nada, pero los cuatro vecinos que había en ese momento por la calle se quedaron pasmados al ver a los muchachos. Querían avisar al resto del pueblo, pero no eran capaces de articular ni una sola palabra, se quedaron allí, como estatuas, viendo pasar a los chicos delante suya. Los niños, al pasar por delante de los ancianos observaron que les faltaba alegría en sus rostros.
A medida que los niños avanzaban, los vecinos, alertados por los ancianos, abrieron las ventanas de sus casas para comprobar con sus propios ojos lo que habían oído y aunque el calor de la calle les asfixiaba ¡Hacía mucho tiempo que no veían a nadie por la calle!
Uno de ellos, el mayor parecía ser, era un poco más alto, moreno, con una camisa a cuadros roja y negra, gafas de pasta negra y llevaba unos vaqueros que se veían bastante sucios. La niña a diferencia del muchacho era más baja, su pelo era moreno, pero según lo mirabas desde un punto u otro bajo el sol, se veían reflejos rojizos o morados, o malvas, o rubios, como si su pelo cambiara de color bajo el sol (¿Magia?). Sus ojos eran marrones verdosos y tenía una gran sonrisa de oreja a oreja e iba de la mano derecha de su hermano. En sus manos llevaban lo que parecía una gran maleta rígida de color rojo gastado, tenía ruedas por ello la arrastraban entre ambos por toda la calle. Parecía una maleta vieja, pero bien cuidado. -¿Qué llevarán en esa maleta?-. Se preguntaba uno de los ancianos.
Aunque eran pocos los vecinos que se encontraba, los saludaban a todos y estos se quedaban perplejos al ver a una niña tan pequeña sonriendo; ¡Hacía mucho tiempo que no veían la sonrisa de una niña! Dedujeron que el chico tendría unos 10 años y la niña 8. Ambos estaban delgaduchos, como si llevaran días sin comer y estaba claro que habían andado muchos kilómetros, pues el pueblo más cercano a Mali estaba demasiado lejos y el autobús sólo iba y venía por la mañana temprano.
A medida que los niños avanzaban por la calle principal, miraban hacia las ventanas, balcones y puertas que se iban abriendo a su paso a ambos lados de la calle. De pronto, la niña se paró y despacio pero sin dudar mucho, se adentró en una de las puertas que estaba medio abierta sobre la mitad de la calle, y preguntó a una señora de unos 50 años que había dentro, sentada en una mecedora:
-Disculpe señora, ¿Podría indicarnos dónde está el teatro? -, la anciana al oír la palabra teatro, se quedó patidifusa. Hacía mucho tiempo que nadie le preguntaba por el teatro, bueno, es más, hacía mucho tiempo que el teatro no habría sus puertas..
-¿El teatro has dicho niña?- Le preguntó la anciana algo confusa. –Si por favor, mi hermano y yo necesitamos llegar hasta él, ….
Intentando responder a la mujer dijo, -Sí, hemos oído hablar de él. Según nos han dicho, tuvo mucha fama hace años y nos gustaría actuar ahí, con el permiso de los vecinos claro-.
-¿Permiso?….ja ja ja- la anciana se partía de risa, entró en bucle, no podía parar, tuvo que sentarse en una silla que tenía cerca mientras se reía dando golpes sobre la mesa camilla. -¡qué fuerza tiene esta señora!-, pensó la niña muy extraña. Nunca había visto a una persona mayor dar golpes con tanta fuerza. Cuando la anciana paró de reír y pudo ponerse en pie de nuevo, miró a los niños; el hermano mayor había entrado en la casa después de escuchar el escándalo de la anciana desde la calle. -No necesitáis ningún permiso, creedme. Lo único que necesita mucha limpieza, hace muchos años que no se utiliza–. De repente parecía que la anciana volvía a ser presa de la edad y sus fuerzas desaparecieron poco a poco, cambiando su tono de voz a melancolía, tristeza, como si hubiera perdido sus fuerzas, la esperanza, como si se hubiera rendido. Los niños se miraron, no entendían nada, pero bueno, habían conseguido lo que querían.
-¿Para qué?- Interrumpió la anciana-, -Bueno, nos gustaría utilizarlo… -¿Cuándo? ¿Quiénes?…- La anciana mostraba mucha curiosidad mientras se levantaba con una velocidad impropia de su edad, parecía recuperar parte de sus energías, como si tuviera menos años de los que aparentaba…La niña, asombrada no dijo nada. Solo se quedó perpleja.
Antes de irse a su habitación, la anciana se giró miró al niño a los ojos, se quedó un rato pensativa y dijo:
-Tú debes de ser Raso, ¿Me equivoco?- Le preguntó
-Sí..- contestó el niño sin saber cómo esa mujer sabía su nombre-… y esta es mi hermana…-.
-Lía…..- Se adelantó a decir ella-. -Sí…..- Dijo Raso entrecortado, no habían dicho sus nombres y ella ya lo sabía…. ¿Cómo era posible?
-Yo soy Zuda- Se presentó, -habéis venido a Mali y he de deciros que este pueblo es un poco peculiar, pero… está bien, seguidme-. Los niños obedecieron y siguieron a la mujer mientas que nuevamente volvió a partirse de risa mientras andaba, salía por la puerta y conducía a los niños a lo que parecía que iba a ser su habitación; no entendían nada.
-Podéis quedaros aquí-, les dijo. -Creo que algo se avecina, si señor, creo que sois vosotros los niños de mi sueño….-, decía mientras abandonaba la habitación hacia la suya -¿El qué…?- respondió Raso. Pero de repente el sueño le invadió y no tuvo más remedio que echarse en la cama…. Ambos hermanos.
Continuará….
Raso y Lía by María Silvero Durán is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.
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